El canto gregoriano: La célula madre de la música occidental

Por: Maria Zamo 

Cuando reflexiono acerca de los eventos que detonaron el desarrollo y proliferación  de la música occidental, hay dos eventos en particular que me parecen además de determinantes, totalmente extraordinarios no sólo como innovaciones por sí solas sino como generadoras de otros sucesos que   dan a la música occidental su trascendencia, uno de ellos es el Temperamento igual cuya síntesis se palpa en la figura de la orquesta tal como hoy la conocemos y la otra  es la reforma gregoriana que genera el desarrollo del Canto gregoriano, del cual me ocupo en esta columna sin ambición mayor que expresar brevemente desde una visión personal, su repercusión en el desarrollo de la música occidental y en el contexto social-político en que se dio.

Mientras la sede del imperio romano es trasladada a Ravena y Roma cae en una especie de abandono y penuria política después del ataque de los ostrogodo Vitiges, en 540 d. C. Gregorio Magno llega al pontificado; en dicho contexto, el papado fue visto como la única posibilidad de generar beneficios para un pueblo golpeado y necesitado.

Gregorio magno además de  tomar acciones de corte social e incluso políticas, impulsa la creación de un himnario litúrgico, con el cual logra darle al canto eclesiástico la homogeneidad que le faltaba, además de eliminar la excesiva ornamentación de los cantos existentes, ordenó la composición de nuevos cantos y creó además una escuela de cantores. Estamos frente al canto gregoriano, la célula madre de la música occidental, esta es la música que influenciará, todo el quehacer musical futuro, tanto el religioso como el pagano y es de la única que se tiene un amplio testimonio conservado hasta nuestros días.

Aparecieron entonces, gracias al impulso del papa Gregorio, los coros o capellas; coro de canto llano, por supuesto de voces masculinas, y que concebían dos modos para la  ejecución del canto: el silábico y el neumático. En el primero se cantaba una nota por silaba y en el segundo, varias notas para una misma silaba. Existían para estos cantos cuatro categorías, la estrófica, que consistía en cantar la misma melodía con diversas estrofas; la salmódica que se trata de un texto de verso libre del cual se repite la primera parte de cada frase, el comático, donde ese emplea una melodía y texto libre y los diálogos, donde uno o dos solistas cantan

un texto y al terminar el coro repite, todos ellos constituían la mística del canto litúrgico de la época gregoriana. El canto gregoriano como dije al principio fue generador de otros sucesos de gran importancia en la historia de la música, en el  la notación musical propuesta por  Guido de Arezzo  Este teórico de la música occidental, aportó una visión diferente en la concepción de los intervalos de la escala de Pitágoras y desligó la tradición de formar los intervalos por tetracordios alejándose así rotundamente de la herencia musical de la antigüedad.

El desarrollo del canto gregoriano, dio mucho margen para el estudio y la experimentación, surgieron grandes maestros que aportaron recursos técnicos sobre todo en el campo de lo que sería el inicio de la Polifonía,  la construcción del organum, la observación de ciertas variantes accidentales, llevaron a que la disposición de estos recursos fuera cada vez más consiente y meditada, El paralelismo utilizado como recurso sonoro en el organum evoluciono hacia el Discanto el cual consistía en  añadir una voz secundaria a la voz principal pero esta segunda voz ya no era necesariamente paralela,  podía alejarse de la voz principal en intervalos de cuartas y quintas alternadamente. Este suceso es el nacimiento de la música polifónica, el organum y principalmente el discante son las bases del desarrollo de la polifonía occidental.

Así podríamos ir enlazando acontecimientos de orden teórico-musical y de orden litúrgico que fueron dando forma al desarrollo de la música occidental, pero volvamos al canto gregoriano como suceso generador de otros eventos y herramienta de comunicación del clero con el pueblo.

Desde el momento en que se inicia la reforma gregoriana y con ella se empieza a modelar el canto gregoriano, el fin principal de la iglesia era primeramente transmitir al pueblo mediante la liturgia una sensación de paz, de estabilidad, de refugio y esperanza, incluso la inicial censura de la excesiva ornamentación sugiere una búsqueda de experiencia estética que invita al descanso de un pueblo en desgracia,  la vida misma de Gregorio nos habla de su compasión por el pueblo y su vocación eclesiástica, era de esperarse que la liturgia debía constituir una herramienta más para dar alivio al pueblo.

Si bien el fin del canto gregoriano pretendía en sus inicios ser lo que hoy se catalogaría como  una especie de placebo espiritual para los feligreses, en su momento cumplió la función vital de abonar a la resistencia emocional de un pueblo cuyos límites filosóficos y artísticos no les permitían gozar de ciertas convicciones sobre la felicidad que posee la sociedad moderna.

El papa Gregorio logró establecer la autonomía del papado ante el imperio romano y el canto gregoriano fue uno de los elementos que dio a la iglesia una imagen organizada y virtuosa, la devoción que era sentida en la espiritualidad se manifestaba procurando que  el canto a Dios se hiciera con gran calidad y con la convicción espiritual de que se trataba de comunicación reverente y respetuosa; conforme se afianzaba el poder autónomo de la iglesia el canto gregoriano fue mutando a formas cada vez más complejas y extraordinarias que manifestaban las pretensiones políticas y litúrgicas de la iglesia.

El canto gregoriano además es una muestra de cómo el instinto ordenador del hombre puede influir enormemente para el desarrollo de su conocimiento, pues desde mi perspectiva el gran esplendor de la música occidental en sus diversos periodos después del canto gregoriano, no podríamos haberlo concebido sin el rigor que significó la reforma gregoriana, pero de igual forma, dentro de esta historia de prohibiciones e innovaciones, nos encontramos de cara con el conflicto eterno que el hombre se plantea entre la tradición y la creatividad, se encuentra la iglesia católica en un momento donde su misma grandeza le hace engendrar amenazas a sus tradiciones. Su misma grandeza le abre las puertas a las mentes más creativas y a los músicos más diestros y son estas mentes las que reiteradamente desafían a la tradición litúrgica para desahogar su alucinante creatividad.

Actualmente una percepción muy común de  los pequeños saltos interválicos y las largas duraciones de las notas del canto gregoriano se relacionan con atmosferas lúgubres, misteriosas, claustradas, no está relacionado con nuestra concepción de lo divino y de la tranquilidad, ya que actualmente las relaciones actuales con lo divino no son tan reverentes. En el canto gregoriano se le hablaba a Dios desde la devoción, la admiración,  pero sobre todo desde una conciencia de nuestra insignificancia ante su magnanimidad.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *